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Para detectar (encontrar) y diagnosticar el
cáncer de esófago, se utilizan pruebas que examinan el esófago.
Pueden utilizarse las siguientes pruebas y procedimientos:
Radiografía del tórax: radiografía de los órganos y huesos del interior del
pecho. Un rayo X es un tipo de haz de energía que puede atravesar el cuerpo
y plasmarse en una película que muestra una imagen de áreas del interior del
cuerpo.
Ingesta de bario: serie de radiografías del esófago y el estómago. El
paciente bebe un líquido que contiene bario (compuesto metálico de color
plateado blancuzco). Este líquido reviste el esófago y el estómago, y se
toman radiografías. Este procedimiento también se llama serie
gastrointestinal (GI) superior.

Ingestión de bario. El paciente toma bario
líquido el cual baja por el esófago hacia el estómago. Se toman radiografías
en búsqueda de áreas anormales.
Esofagoscopia: procedimiento para examinar el interior del esófago para
verificar si hay áreas anormales. Se inserta un esofagoscopio a través de la
boca o la nariz y se lo hace bajar por la garganta hasta el esófago. Un
esofagoscopio es un instrumento con forma de tubo delgado, con una luz y una
lente para observar. También puede tener una herramienta para extraer
muestras de tejido, que se observan bajo un microscopio para verificar si
hay signos de cáncer.

Esofagoscopia. Consiste en un tubo delgado con
iluminación que se inserta por la boca hacia el esófago para buscar áreas
anormales.
Biopsia: extracción de células o tejidos para que un patólogo las pueda
observar bajo un microscopio y verificar si hay signos de cáncer. La biopsia
generalmente se lleva a cabo durante una esofagoscopia. En algunas
ocasiones, la biopsia muestra cambios en el esófago que no son cáncer pero
que pueden llevar a cáncer.
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